Amada, supón que me voy lejos, tan lejos que olvidare mi nombre. Amada, quizás soy otro hombre más alto y menos viejo que espera por si mismo, allá lejos, allá trepando el dulce abismo.
Amada, supĂłn que no hay remedio. Remedio es todo lo que intento. Amada, toma este pensamiento, colĂłcalo en el centro de todo el egoĂsmo, y ve que no hay ausencia para el dulce abismo.
Amada, supĂłn que en el olvido la noche me deja prisionero. Amada, habrá un lucero nuevo que no estará vencido de luz y de optimismo y habrá un sinfĂn latente bajo el dulce abismo.
Amada, la claridad me cerca yo parto, tu guardaras el huerto. Amada, regresara despierto otra mañana terca de música y lirismo. Regresará del sol que alumbra el dulce abismo.