Ya no hay mal que no haga daño, ya no hay daño sin dolor. Aunque te parezca extraño me proclamo vencedor en la guerra declarada a este impropio yo interior que apostó al poker su alma y el apetito perdió. El honor de haber cumplido, un motor de comprensión. Difícil haber teñido la demencia de control. Olvidé las contraseñas, no pedí tu bendición, di mi sangre destilada por comerme otro marrón. Que la luz del sol me perdone, voy avanzando a pedal. Que la luz del sol me perdone, prefiero la oscuridad. Hasta que me vi afectado, la conciencia no tomé, lacra de seres humanos, límite tendiendo a qué. Puse un rato los sentidos y luego los apagué, dame que antes yo te he dado no te arrepientas después.