Con un rumor de nido volaban tras de mÃ, aquellos pañuelitos en la estación. Pero soy peregrino y a mi nostalgia le canto asà en la oreja del corazón:
Vamos a la distancia, ya, y si no llego, amor, vos le darás mi alma de argentino y de cantor.
Mi casa es donde canto porque aprendà a escuchar la voz de Dios que afina en cualquier lugar, ecos que hay en las plazas y en las cocinas, al borde de una cuna y atrás del mar.