De los llanos apartados del gran amontonamiento Donde dejaba este canto en solitario al cielo abierto.
Mi despertar fue tan triste, como mi suerte de mala. Lucero que verte quise pero no pude ver nada.
Nada más que miserables palomares de concreto. Tras el ramaje abatido de unos árboles resecos.
En la ciudad que me oprime, al vicio de madrugarla. Donde no hay uno que avise. Pero muchos que se guardan, ignorándote. Lucero del alba. Ignorándote. Lucero del alba.