Buena mi tierra querida le hace lugar a cualquiera del vacuno a la crucera del trigo limpio a la ortiga y no hace falta que diga que, cuando hay inundación el alacrán, el ratón –bichos que no lo merecen– hallan que ella le ofrece hasta el último albardón.
Sabe mi tierra querida que no precisa hacer cuentas: cuando se arma la tormenta ya la tiene presentida. Secará al sol las heridas que hayan podido dolerle porque llegado setiembre será tiempo de castrar de marcar y descolar se trilla el trigo en diciembre.